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ACERCA DE LOS SKINHEADS, EL RACISMO Y EL NAZISMO

El fenómeno de los skinheads, de todavía poca resonancia en nuestro país, pero muy extendido en Europa, merece ser analizado en relación con el nazismo del que se reivindican y en el rol objetivo que cumplen actualmente. Empecemos aclarando que el nazismo (también el fascismo), como fenómeno históricosocial, es distinto a las bandas de neonazis actuales, aunque éstas adopten su ideología, sus símbolos y reivindiquen a Hitler. El nazismo alemán constituyó en principio un movimiento social que arrastró detrás suyo a amplias capas de las clases medias y de desocupados, contra la clase obrera y en beneficio del gran capital. El régimen nazi, que accede al poder en 1933, se asentó de hecho en esa fuerza social movilizada, con la cual aplastó a la poderosa clase obrera alemana (que entre 1919 y 1923 intentó por tres veces tomar el poder, y no dejaba de representar un peligro para la burguesía). El nazismo, como el fascismo, son formas de estado específicas, distintas a las democracias burguesas, por más que éstas tengan rasgos muy represivos; por esta razón deben contar con el consentimiento o el apoyo de sectores importantes de la burguesía, que apelan a estos métodos como recurso de última instancia para disciplinar al movimiento obrero.
En la actualidad no existen sectores importantes de la burguesía imperialista o de nuestro país que sean favorables a imponer ese tipo de régimen, y de allí que la ideología nazi de los skinheads no se corresponda con ningún movimiento real, social, que apunte en dirección a imponer un régimen nazi. Precisamente, sectores de la burguesía alemana están muy interesados en igualar el fenómeno actual de los skinheads con el ascenso del nazismo de Hitler, para absolver, tácitamente, la responsabilidad del conjunto de la clase capitalista en el surgimiento y el acceso al poder de Hitler. Se pretende que el nazismo habría sido el producto de un grupo de irracionales, que "inprevistamente" se adueñaron del gobierno y desataron el terror y la guerra.
Pero la distinción que hacemos no implica negar que la ideología racista y la xenofobia que pregonan estos modernos adoradores de Hitler y Mussolini no tengan raíces profundas en la misma sociedad actual.

El racismo y la xenofobia de los skinheads es un emergente
Efectivamente, el racismo y la xenofobia de estos grupos no es un hecho puntual, sino el emergente del racismo y el nacionalismo ampliamente extendido, fomentado y amparado desde el gobierno, los partidos políticos mayoritarios, los medios, los dirigentes sindicales y "tutti cuanti". A diario vemos cómo se persigue a los bolivianos, a los paraguayos, peruanos, cómo se los presenta en los medios como culpables del cólera, y de cuanta enfermedad contagiosa pueda existir, se los muestra como ladrones y gente de mal vivir, a los que hay que vigilar, denunciar y expulsar del país. De la misma forma, cotidianamente se ejerce una discriminación racista abierta y descarada sobre toda persona de piel un poco más oscura que la del europeo típico: desde los avisos de trabajo que piden "buena presencia", hasta la discriminación a la entrada de una discoteca, pasando por una televisión en la que actores y modelos parecen todos sacados de Alemania. El mismo dicho de "alto, rubio y de ojos azules" con que la tilinguería de este país quiere expresar lo que es bueno y deseable, en oposición a expresiones como "cosa de negros" es una concreción de hasta qué punto está extendido el racismo.
Se trata entonces de un racismo que es funcional a la clase burguesa en su propósito de dividir a los trabajadores, de inculcar la idea de que los explotados lo son por un problema genético y no social. Al mismo tiempo, al fomentarse la xenofobia, se desvía la tensión generada por la desocupación y la crisis capitalista al ataque a los extranjeros y a las personas de piel oscura. No es extraño entonces que entre los skinheads europeos (aunque no parece ser el caso, por ahora, de Argentina) encontremos obreros desocupados, desesperados por la falta de alternativas y el fracaso de la izquierda stalinista y socialdemócrata. Al presentar el fenómeno de los neonazis como un "exabrupto" de la historia, como una "irracional vuelta del pasado", la burguesía oculta las verdaderas causas y la existencia de su propio y generalizado racismo. Bajo una ideología adoradora de un régimen que hoy no está a la orden del día para la burguesía, los neonazis expresan, de manera más acabada y consecuente, el odio racial y nacionalista que excretan las glándulas ideológicas de esta sociedad.
Además los skinheads son utilizados para fortalecer los prejuicios democráticos de la población, recreando la teoría de los "dos demonios": los nazis racistas, por un lado, los extremistas de izquierda por el otro, que se enfrentan en batallas campales, frente a la moderación de la enorme masa de "centro" que repudia toda violencia y combate ambos extremos. De esta forma se refuerza la operación de ocultamiento de la violencia sistemática y consustancial al sistema capitalista; la violencia cotidiana de la policía sobre la juventud y los barrios empobrecidos, la violencia de privar a seres humanos de trabajo y de todo recurso de vida, en fin, la violencia del racismo, la xenofobia y el sexismo.

Nuestra lucha contra el racismo
"Con el fascismo no se discute, se lo combate", decía un viejo revolucionaria de nuestro país, y nosotros no podemos menos que suscribir esa saludable recomendación. Aunque los skinheads no sean un fenómeno de masas como lo fue el nazismo, representan ya un peligro creciente en Alemania, Inglaterra, España y otros países de Europa. Por ejemplo, en Madrid se ha convertido en una peligrosa aventura caminar por dominadas por los skinheads para un inmigrante o para algún militante, identificable por estos grupos. Los grupos de acción anti fascista se están desarrollando en muchas capitales europeas, y ya le han dado varias y duras lecciones a estas escorias, al estilo de lo que pasó en Buenos Aires.
Pero en esta lucha nos distinguimos de la llamada "acción antifascista" de muchos grupos, en dos puntos fundamentales: En primer lugar, nosotros no pedimos la ilegalización y represión por parte del estado burgués de las organizaciones neonazis, como hacen muchos (en Europa hubo importantes movilizaciones con esta demanda). Es que el estado burgués puede hostigar superficialmente durante un período a estos grupos, pero lo hará con el objetivo de aparecer "equidistante" y justificar así su represión efectiva y brutal contra la izquierda; paralelamente los neonazis siempre tendrán la manera de continuar su accionar, por la misma razón de que su odio a la izquierda, su racismo y xenofobia, empalman objetivamente con la naturaleza más íntima del estado capitalista. Por este motivo, pedir su represión e ilegalización ayuda al fortalecimiento del aparato represivo, y a su encubrimiento ante las masas.
En segundo lugar, y por todo lo argumentado, nuestra lucha contra los neonazis debe ser parte de una pelea más amplia contra las verdaderas raíces de este fenómeno; a la par que combatimos a los nazis, los marxistas no interrumpimos un minuto esa explicación y denuncia y llamamos a organizarse y combatir contra toda forma de racismo, nacionalismo y opresión.